lunes, 21 de agosto de 2017




Publicado el martes, 22 de abril de 2014

El Decálogo de los Padres en el Tenis.

El comportamiento que los padres tenemos no debe cuidarse únicamente porque afecte al rendimiento deportivo de nuestros hijos, sino porque trasciende mucho más allá y tiene efectos sobre cada uno de los diferentes aspectos de sus vidas.

FOTO

 

 

Puesto que los padres no siempre somos conscientes de la repercusión que para nuestros hijos tienen las acciones que llevamos a cabo cuando acudimos a verles practicar su deporte favorito, este decálogo trata de concienciar a los progenitores del importante papel que juegan en las diferentes situaciones de la vida deportiva de sus hijos y de la necesidad de comportarse siempre de una forma ejemplar en cada una de ellas.

 

- Padres, queremos jugar con estas 10 reglas:

 

1. Escucha y ten siempre en cuenta mi opinión.

Cuando tomamos decisiones relativas a cuestiones como, por ejemplo, el deporte que queremos que nuestro hijo o hija practique o el número de horas de estudio que estamos dispuestos a permitir que  sacrifique para desempeñar una actividad deportiva, la decisión de los padres no siempre está orientada realmente a conseguir aquello que es mejor para él o ella. Detrás de ese “quiero lo mejor para mis hijos” se esconde muchas  veces el deseo de cumplir nuestros propios intereses o frustraciones, que poco o nada tienen que ver normalmente con los de nuestros hijos.

 

En esta sociedad del “no pienses, actúa”, no siempre reflexionamos suficientemente las consecuencias que, especialmente para nuestros hijos, tienen nuestras decisiones y pasamos por alto que lo mejor para nuestros hijos puede no ser lo más cómodo o lo que más nos gustaría a nosotros que fuera.

 

Por tanto, debemos dejar que nuestros hijos opinen y sean escuchados. Hagamos lo mejor para ellos tomando en su lugar aquellas decisiones que, por su falta de experiencia, aun no están en posición de afrontar, pero siempre conscientes de que son ellos quienes de verdad importan y que son ‘sus’ sueños e ilusiones los que mediante ‘su’ actividad deportiva debemos cumplir, no los nuestros.

 

2. Utiliza el deporte siempre como un medio para construir valores, nunca como un fin en sí mismo.

 

El deporte base es un arma de construcción masiva a través de la cual nuestros hijos adquieren, de una forma sencilla y directa, valores como la tolerancia, la disciplina, el afán de superación o la amistad, valores que conformarán su personalidad y que los acompañarán el resto de sus vidas. 

 

El fin no es por tanto el propio deporte, sino permitir que nuestros hijos adquieran esos valores gracias al mismo. Este es por tanto el principal objetivo que los padres debemos perseguir mediante el deporte de nuestros hijos y no otro. 

 

Muchas veces una derrota puede ser para nuestros hijos más enriquecedora incluso que una victoria, puesto que de nada sirve ganar un campeonato si por el camino uno no ha aprendido que, por ejemplo, haber trabajado en equipo es un motivo de orgullo mucho mayor que cualquier simple trofeo. Esto es lo que verdaderamente debería de importarnos.

 

3. No me grites en público.

La relación entre un padre y un hijo es un vínculo de unión constante entre ambos que se va creando, modificando y desarrollando día a día a lo largo de toda nuestra vida en función de infinidad de factores.

 

Avergonzar o faltarle al respeto a un hijo, más aún delante de sus propios compañeros, supone un grave atentado contra ese vínculo tan especial que nos une: entre padres e hijos, lo que pasa en el campo no se queda solo en el campo. 

 

 

4. No me des lecciones sobre mis errores después de cada partido.

La moral del espectador de un partido se ha convertido en la moral del cobarde que exige valor en el otro. Es muy fácil reclamar perfección técnica, valentía y coraje de los demás sin ni siquiera haberse parado uno a pensar si él mismo sería capaz de tales cosas. Uno difícilmente podrá muchas veces valorar cuán dificultosa es una tarea sin haberla primero afrontado siquiera.

 

La humildad, por tanto, y el respeto al esfuerzo ajeno son virtudes que nos enseñan a apreciar lo que cada uno es capaz de aportar según su capacidad y que nos ayudan a crecer como personas. 

  

5. Apoya al entrenador, es tu espejo en el campo.

Para un hijo, el entrenador es la persona que hace las veces de sus padres dentro del vestuario: es quien les educa, quien les enseña a mejorar como deportistas para ganar, pero también como personas para saber perder.

 

Por todo ello, la colaboración y el apoyo de los padres para con el entrenador, tanto dentro como fuera del campo, se hace indispensable a la hora de poder brindar a nuestros hijos la mejor educación posible. Toda acción tomada en una dirección distinta, despreciando al entrenador o creando cualquier tipo de conflicto, irá siempre en detrimento tanto propio como de los niños que, no olvidemos, ven en su entrenador la imagen de sus padres.

 

6. Acata las decisiones de los árbitros.

Tratar de forma irrespetuosa a un árbitro es, por desgracia, una conducta bastante frecuente en nuestra sociedad pero que, sin embargo, no debería permitirse por muy diversas razones. Esto último sería mucho más fácilmente entendible por todos si nos diéramos cuenta de que autoridad es igual a acuerdo. Someter  cualquier tipo de controversia a la siempre difícil decisión de un tercero, implica renunciar a la irracional ley del más fuerte y crear con ello una situación más juste e igualitaria.

 

Debemos ser ejemplares para con nuestros hijos, ofreciendo al árbitro el respeto que como autoridad y también como ser humano se merece y acatando sus decisiones aunque no las compartamos, si queremos que nuestros hijos respeten también las decisiones, consejos y correcciones que, como padres y por tanto como autoridad, les damos.

 

7. Anima también a mis compañeros. Un compañero de equipo es una persona con quien nuestro hijo comparte experiencias muy importantes en su vida, ya que sólo apoyándose el uno en el otro consiguen levantarse tras cada derrota y es aunando sus esfuerzos el medio por el que logran alcanzar sus sueños. Se trata, en definitiva, de algo más que de un amigo y es por ello que cualquier comportamiento que se lo haga pasar mal a un compañero, repercutirá también negativamente en nuestro hijo.

 

8.  No menosprecies al rival.

En el deporte, un contrincante no es un enemigo, sino precisamente algo muy bien distinto: es alguien con quien se comparte una misma pasión y unos mismos objetivos. Es por tanto alguien a quien no debería ser muy difícil entender y de quien mucho se puede aprender. Criticar y menospreciar las acciones del rival supone una conducta totalmente irracional que va contra los principios elementales del deporte, herramienta única para estrechar los lazos de unión entre las personas, no para enfrentarlas.

 

 9. Respeta las opiniones de los otros padres.

Si nosotros, como padres, no somos capaces de practicar el juego limpio fuera de la pista, difícilmente nuestros hijos llegarán a hacerlo dentro del campo. Además, pocas situaciones son tan bochornosas para un hijo como ver que su padre o madre se olvida del partido y de su propio hijo para enzarzarse en discusiones que poco ayudan a crear un ambiente propicio para jugar.

 

La razón es el arma más poderosa que las personas tenemos para hacer que nuestra sociedad evolucione y mejore, pero actuar de una forma racional exige muchas veces admitir puntos de vista distintos de los nuestros y reconocer la posibilidad de equivocarnos. El deporte brinda a nuestros hijos una oportunidad única de aprender a ser tolerantes con los demás, valor indispensable en nuestra sociedad, pero este aprendizaje debe empezar con el ejemplo de los propios padres, espejo en el que los hijos se miran para guiar su futuro.

 

10. No te olvides de pasarlo bien.

 

Si el deporte es una herramienta idónea para que nuestros hijos, los ciudadanos del mañana, adquieran los valores que nuestra sociedad necesita, es porque con el deporte se enseña jugando y se aprende riendo. Puesto que somos un ejemplo para nuestros hijos, qué mejor manera de conseguir que ellos entiendan cuáles son los verdaderos objetivos que deben perseguirse con su deporte, que divirtiéndonos con ellos y demostrándoles que en el fondo solo es un juego; uno en el que a veces parecerá que has perdido  pero en el que realmente, si de verdad lo comprendemos, nos damos cuenta de que siempre se gana.

 

Así que, relájate y disfruta del partido: nunca subestimes el poder de ser feliz.

 

No podríamos terminar sin recordar que de poco serviría memorizar estas reglas si no las ponemos en práctica. No nos limitemos a leer estas líneas; estas reglas no se dicen simplemente, se hacen, porque al hacerlas… se dicen solas. Son nuestros hijos quienes nos reclaman este esfuerzo cada fin de semana, hagámoslo por ellos.

 

 

« Cinco errores esenciales que deben evitar los padres de un tenista. Por Raimundo Gregoire. Guía de About.com La agonía por superarse »










www.TenisBurgos.es

Delegación de Tenis de Burgos

Federación de Tenis de Castilla y León.

Delegado: ÍNIGO MARTÍNEZ SANCHO


DELEGACION DE TENIS EN BURGOS

C/ Zaragoza, 6 - bajo -09001-BURGOS  

delegaciontenisburgos@fetecal.com